jueves, 15 de septiembre de 2011

En la guerra como en el amor todo vale siempre queda un perdedor.

Comenzar un juego es divertido, apostar algo en él puede serlo, pero cuando lo que está en juego es el amor, la cosa cambia…
El amor es ese juego en el que no existen reglas, es simplemente un juego de azar en el que todo depende de nada. Aquí siempre hay perdedores y ganadores, el dolor de perder es directamente proporcional a lo apostado en él, en las ganas de jugar, depende de si es la partida de tu vida, o una más.
La forma de jugar es relativa, depende de los jugadores que intervengan, siendo la partida más molesta la de tres jugadores, pero sin quedarse atrás la de dos en la que uno hace trampas… El amor es el único juego en el que las trampas favorecen al infractor y dejan totalmente sin cartas a la víctima.
En las partidas de alto nivel se puede conseguir el mayor de los premios, robarle el corazón al otro jugador.
El juego del amor es quizá el más difícil de la vida, algunas veces se pierde, otras se juega, otras haces trampas y en muy pocas ganas, pero el premio es de los grandes… la manera de jugar la decides tú, al fin y al cabo en la guerra y el amor todo vale.


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